Podemos apreciar que existen palabras que hacen alusión a un tipo o conjunto de individuos, a las que llamamos palabras de clase, y por otro lado, existen palabras que aluden a individuos únicos, a las que llamamos palabras individuales. La agrupación de los objetos en clases es un acto intelectual que en la mayoría de los casos cumplimos inadvertidamente, pues nos es inculcado junto con el lenguaje. Todo lenguaje presupone un complejo sistema de clasificaciones, y cada lenguaje tiene sus propias peculiaridades. Las clasificaciones, del mismo modo que la identificación de entes individuales, no son cosas que están en la naturaleza y que puedan conocerse mediante un adecuado estudio del universo. La clasificación es un hecho cultural y, en ocasiones, meramente individual. No hay, pues, clasificaciones verdaderas ni clasificaciones falsas, tal como no existen nombres verdaderos ni nombres falsos para cada objeto. Cada clasificación tiene su propia utilidad, dentro de determinadas circunstancias o para ciertas personas o funciones, y así la preferencia variará según el clasificador.

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